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Cerrar los ojos y sentir

Aug 8
3 min read


No salí de mi casa desde aproximadamente inicios de febrero.


Sigo desconociendo el motivo e intentar encontrarlo sería entrar en un bucle de pensamientos, teorías, seudológica y conspiraciones personales.


Tenía hambre, pero no podía tragar porque me faltaban fuerzas.


Me echaba en mi cama y no podía detener mi llanto porque era un dolor ubicado en la parte superior de mi pecho. Ardía y me enfermaba. Estuve así dos semanas, luego se incrementó y duró muchísimo más tiempo.


Hay una explicaión, mi cerebro estaba entrando en withdrawl de oxitocina y eso me estaba enfermando. Y saberlo, o que me lo repitan una y otra vez me lastimaba más


Las palabras de “no valen tus lágrimas”, “él no vale la pena” y todas las frases clichés de superación inmediata post-breakup.


El hecho de que mi tristeza fuera tan disonante con mi personalidad hacía que, en mi sentir, se me exigiera “ser fuerte”.


No voy a discutir si ser fuerte es no llorar o si ser fuerte es atravesar el dolor.


La palabra “ser fuerte” el día de hoy me genera rechazo.


Yo no quería, ni necesitaba, ni fingía, ni intentaba estar triste.


Yo estaba triste.


Yo estoy triste.


Mi ser se encontraba en la tormenta del duelo.


Botar los regalos, romper los peluches, borrar fotos, todo eso... me pareció estúpido y obvio.


Debería entonces, levantarme e ir a inscribirme de vuelta al gimnasio. Cortarme el cabello y regresar triunfante. Como si las emociones se trataran de ganar o de perder.


También podría hacer el ejercicio de enumerar todas las cosas que él perdió. De una manera desesperada de darme dignidad (o construirla).


Ya saben, que soy única, especial, bonita e inteligente. Luego hay que agregar todas las particularidades que forman mi persona.


Él podría enumerar todas sus cualidades y decir: ella no lo supo aprovechar. O, en este caso, ella me tomaba por sentado.


"Tomar por sentado"


Esa es una frase que, aunque conozco su significado, no la entiendo. Aún después de tantos meses no entiendo qué significa.


Una conocida me aconsejó buscar tener una reunión con él, para que él me explique sus motivos para dejarme y que yo, de esa manera, pudiera superar la situación.


Yo me negué.


Para mí, eso significaría humillarme.


Luego, colocando mi ego a un costado: la explicación nunca va a curar esta herida.


Puedes explicar y justificar el comportamiento del otro. Si sus motivos eran válidos o no. Y probablemente todo eso sería calificado y juzgado dependiendo de quién lo escuche.


Y en mi caso, no hay ninguna justificación que cure este dolor.


Se ha comportado de una manera cruel y cobarde.


La experiencia fue desagradable. Y por eso mismo he intentado, fallidamente, olvidar el final. Porque el inicio y el intermedio fueron muy buenos. No me parecía justo condenar toda una experiencia por una acción única. Inclusive extraordinaria en su comportamiento.


Puedo, y repito nuevamente, sentarme a meditar paso por paso todo lo que ocurrió. Pero aunque le encuentre los motivos y pueda entenderlo, el dolor vuelve a sentirse de la misma manera y termino lastimándome de nuevo.


En este caso, puedo afirmar que mis sentimientos sexoafectivos se han acabado casi por completo, que no lo extraño y que cuando miro mi presente me agrada bastante. Me siento orgullosa de mis logros de este año. Aunque no salí de mi casa y no podía comer, aun así no me detuve. No por intentar o ser fuerte, sino porque el dolor puede estacionarse en mí por periodos muy largos y, aun así, puedo ser bastante funcional.


Es, me atrevo a decir, mi buena memoria la que repite la misma escena una y otra vez.


Es una obsesión personal por querer ser buena y portarme bien. Lo que hace que intente encontrar la respuesta correcta para que el siguiente evento, que fue el causante de mi caída emocional por varios meses, se diera. Eso es un error de mi carácter. Pensar que por hacer todo lo más perfectamente posible eso me libera de las contradicciones emocionales es un defecto.


En este punto, ya no hablo ni de él, ni de la relación, ni de nada de eso.


Es más sobre cómo yo me tomo las situaciones complicadas cuando aparecen.


Me pregunto si es un rezago de mi crianza católica.


Llenarme de culpa, buscar el perdón, ahogarme en mis lamentos. Suena bastante católico.



Pasó algo malo → ¿qué hice mal? → ¿cuál fue mi pecado? → ¿qué tendría que haber hecho correctamente? → ¿cómo obtengo el perdón?



Por lo que,


Esta vez, lo que hice fue sentir. Sentir la tristeza y la rabia.


Cerrar los ojos y sentir.


No hay más.













 
 
 

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