Artista de la Semana : Vanessa Karin
Por Radar Crítico de Lima

La producción visual de Vanessa Karin no puede y no debe leerse sin tener presente el contexto en el que emerge. Hay que resaltar que, en un país como el Perú, el cuerpo (desnudo o erotizado), el deseo y la sexualidad siguen siendo territorios vigilados por la moral, la religión y el conservadurismo. Aunque, lo sabemos pero en ocasiones nos callamos, la doble moral de los que prohiben estas prácticas al final terminan consumiendo estas imágenes en privado.
En series como Of Desire and Anime o Flirty Crybaby, la artista trabaja con imaginarios que provienen del universo del manga, el anime y parte de la cultura visual del hentai; ella, dejémoslo claro, no revisita la estética asiática desde la reproducción del deseo, Karin hace una crítica de los patrones de erotización y normatividad visual del cuerpo y cómo el deseo es producido, codificado, se aprende y se normaliza a través de imágenes.

En el panorama “conservador” peruano, donde el cuerpo femenino suele ser aceptado solo bajo ciertas condiciones como maternidad, sacrificio, silencio, la obra de Vanessa Karin rompe con los esquemas y los estereotipos para introducir en su quehacer una incomodidad difícil de neutralizar. Ella logra poner en crisis los límites de lo permitido, lo decible y lo que socialmente es tolerado en la cultura visual peruana. Importante decir, su trabajo no choca con el conservadurismo por escándalo, sino por desobediencia simbólica.
Desde lo formal, Vanessa Karin no crea piezas para ser consumidas rápidamente. Su obra responde a una estética que no está diseñada para circular con facilidad ni para ofrecernos una experiencia visual tranquila. Ella no se deja domesticar, ella insiste en el pensamiento como condición que problematiza con la representación visual.
La pregunta que atraviesa la obra de Vanessa Karin no es solo qué tipo de cuerpos deseamos, sino quién decide cómo deben ser vistos, representados y/o aceptados. En un país donde la censura suele disfrazarse de tradición o moral, su práctica artística nos enfrenta a una incomodidad necesaria y hace que nos preguntemos: ¿qué hacemos con obras de arte que no confirman nuestros valores, sino que los ponen en crisis? Ahora, algo queda claro, el problema no es la obra, sino lo frágil que son nuestras certezas culturales.
La moral censura en público lo que el deseo sostiene en privado.

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